Mi cielo

Autor: Oswaldo Fernando Díaz Goyzueta

Te dejé escapar de entre mis dedos, esa tarde tibia pero lejana, ante mi profunda consternación y mis lágrimas inútiles que solo te distanciaron más. No sé cómo expresar lo que sentí: tantos sentimientos sobrepuestos, tantos pensamientos retorcidos, tantas promesas rotas, todo en tan breve momento. El piso bajo mis pies se rompió y caí hacia un vacío eterno del que nunca salí.

Cuando te conocí en la plaza, mi cielo, creí que estábamos hechos el uno para el otro. Los momentos que pasamos juntos no hicieron más que forjar ese pensamiento como verídico en lo más profundo de mi mente y afirmar lo que desde un primer momento sintió mi corazón; ahora resquebrajado y mugriento, gracias al pasar del tiempo insufrible que todo lo que toca lo envejece y lo añeja.

Para mí, los catorce meses que pasamos juntos fueron ideales, perfectos; de los mejores momentos de mi vida. ¿Cómo iba a saber yo que, durante todo ese tiempo, tú te ibas alejando cada vez más; que en tu corazón crecía un recelo profundo y se apagaba la luz que me iluminaba a mí?

La única queja que recuerdo haber escuchado -rondando, dubitante-  durante todo ese tiempo fue que – según tú- yo era muy apegado a ti y que a veces necesitabas un poco de espacio. No dudes que hice todo lo que pude para dártelo; intenté dártelo todo, absolutamente TODO, sin discutirte palabra ni mirar hacia atrás o adelante; solo para verte sonreír. Mi cielo, yo solo quería hacerte feliz y mirar, en esos luceros pardos, el brillo inconfundible de la alegría que en algún momento gozamos, con los ojos fijos en el ocaso y el calor compartido de nuestros cuerpos.

Desde que me dejaste he hecho todo lo posible para seguir con mi vida; superar el abandono y la tristeza; desprenderme de aquellos recuerdos fugaces de risas pasadas. Aunque no lo creas, mi cielo, el amor, después de todo, es buena gente. Deja que transcurra tu vida interior. No es posesivo ni egoísta, sino que permite mantener otros sentimientos frescos: como la vergüenza, el arrepentimiento y el punzante dolor.

Tarde o temprano (más tarde que temprano) reconstruí mi corazón -por lo menos en parte-, esquirla por esquirla, hilván tras hilván; y volví a sentir el placer y el gozo. Sin embargo, no es lo mismo estar solo que estar sin ti. La soledad la supero fácil: llamo a Julia o a María; pero encontrar a alguien que se te compare y que me haga olvidar aquellas tardes nubladas en las que nos quedábamos en casa o las visitas furtivas, seguidas de batallas calientes en la arena; y logre tapar el vacío profundo que dejaste en mí, es difícil… Y siempre lo será, mi cielo.

 


Como arena entre tus manos

Autora: Mayra Jhoana Castillo Ureta

Cuando pensamos en la palabra “arena”, se nos suele venir a le mente imágenes relacionadas a unas vacaciones en la playa, grandes desiertos o quizá -si vemos un poco más allá de su valor estético- aquella que se emplea para la elaboración de cemento. Sin embargo, son muy pocos los que tienen en claro el valor de este subestimado recurso. La arena nos ha acompañado desde tiempos inmemoriales y hasta nos hemos acostumbrado a su presencia, llegando a creer que se trata de un recurso inagotable y abundante en el planeta. Nada más lejos de la realidad, pues ahora mismo podríamos estar viviendo una crisis de arena.

Pero, antes de empezar, es preciso comprender, en su totalidad, qué es este recurso y de dónde proviene.

Se conoce como arena al material proveniente de la erosión de rocas y otros minerales. Una definición simple para un recurso simple; sin embargo, sus procesos de conversión no lo son en lo absoluto, pues cada aplicación exige determinadas características de esta. Por ejemplo, la elaboración de cemento requiere de granos de arena de diferentes medidas. Lo que significa que no podría emplearse únicamente arena proveniente de los desiertos, dado que esta es demasiado homogénea.

Según un reporte del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2014), la arena es el segundo recurso más consumido después del agua, llegando a una cifra de 40 mil millones de toneladas anuales, lo que equivaldría a 5 o 6 toneladas por persona al año. Simplemente sorprendente.

Pero, ¿en qué se emplea tanta arena? La respuesta es sencilla, pues esta es más común de lo que pensamos. Su uso más conocido es en la elaboración de cemento. Sin embargo, esta también se encuentra presente en los circuitos informáticos, papel, vidrio, paneles fotovoltaicos e incluso pastas dentales y cosméticos.

Con un uso tan diverso y extendido, el hombre vio en la arena una excelente oportunidad para obtener ganancias; lo cual, hasta cierto punto, es beneficioso para la economía y desarrollo de cada país. No obstante, el problema radica cuando su extracción se vuelve indiscriminada.

Según la revista científica francesa Science et Vie (2017), la India habría triplicado su consumo de arena desde el año 2000 y China, en sus cuatro últimos años, habría consumido la misma cantidad de arena que Estados Unidos en todo el siglo. El mundo consume cuatro veces más arena de la que es producida naturalmente; es decir, que este recurso corre un serio peligro de agotarse.

Como indica la ecóloga Aurora Torres, de la Universidad de Martin Luther de Halle-de Wittemberg, de Alemania, la extracción de este recurso se convertirá en una cuestión ambiental de gran relevancia, debido a que las actividades que requieren de arena están aumentando, derivando en una escasez que ya ha despertado la codicia del ser humano hasta extremos inimaginables. Hemos escuchado de todo tipo de mafias, pero, ¿mafias de arena?

Pues sí, lamentablemente esta es una realidad. Playas cuya arena es robada de la noche a la mañana, personas que se matan entre ellas para poder apoderarse de este preciado recurso… Definitivamente, estamos viviendo una crisis de arena.

Según el diario El País, esta sería una problemática en países como la India, Kenia, Nueva Zelanda, Jamaica y Marruecos. Sin embargo, nuestro país no sería ajeno a esta crisis.

La reserva Allpahuayo Mishana, ubicada en Loreto, también se vio afectada por la extracción de arena cuando, en 2014, empresarios y trabajadores se enfrentaron al SERNANP, pues, pese a que los recursos de la zona de amortiguamiento pueden ser aprovechados, este tipo de actividades traerían como consecuencias la depredación de la flora, entre otras consecuencias para el ecosistema.

Sin embargo, las consecuencias son más numerosas y diversas de lo que podemos creer. La extracción indiscriminada de la arena no solo pondría en riesgo los bosques, sino también la calidad del agua. Además, afectaría directamente a la fauna, al reducir significativamente el espacio donde las tortugas ponen sus huevos, por citar un caso; provocaría la erradicación de cultivos y nos haría vulnerables ante fenómenos naturales, ya que la arena serviría como protección ante posibles tsunamis.

El afán del ser humano de adueñarse de recursos que no le pertenecen lo ha llevado a afectar seriamente el equilibrio de su ecosistema. ¿Cuánto tiempo tardaremos en darnos cuenta de que la verdadera riqueza no se encuentra en el dinero que puede generarse con la venta de un determinado recurso, sino en el recurso en sí, en la manera en la que este puede suplir las carencias del hombre desde una perspectiva sostenible? Ignoramos muchas cosas acerca del planeta en el que vivimos. Vivimos del planeta y no para él. Pero en nuestras manos está el lograr un cambio. Modificar nuestros hábitos de consumo, difundir información valiosa. Cualquier acto en favor del medio ambiente, por más pequeño que parezca, cuenta. Es momento de tomar conciencia, pues vivimos en un universo infinito; pero en un mundo que no lo es y sería una necedad de nuestra parte el permitir que nuestras acciones sigan aproximando su fecha de caducidad. El cambio está en nosotros.

 

REFERENCIAS:

-Extracción de arena, un recurso no renovable. (2018). [PDF]. Recuperado de https://www.greenfacts.org/es/extraccion-arena/extraccion-arena-greenfacts.pdf

-Höflinger, L. (2014). Ladrones de arena. Recuperado de https://elpais.com/elpais/2014/10/10/planeta_futuro/1412951914_665326.html

-Nouyrigat, V. (2018). La guerre du sable. Recuperado de https://www.science-et-vie.com/nature-et-enviro/la-guerre-du-sable-18104

-Pérez, V. (2018). Arena, un recurso más escaso de lo que pensamos – Hidden Nature. Recuperado de https://www.hidden-nature.com/origen-arena-crisis-explotacion/

-¿Por qué están enfrentados los empresarios del transporte de arena y el SERNANP?. (2018). Recuperado de https://laprensa.peru.com/actualidad/noticia-reserva-nacional-allpahuayo-mishana-sernanp-protesta-arena-blanca-26995


Microrrelatos

Autora: Carmen Jhoana Díaz Atilano

Microrrelato 1

No era migraña, era su conciencia. Mientras el agua fría caía sobre su cabeza, su cuerpo se estremecía al pasar de las gotas sobre su piel; como aquel llanto que no podía olvidar. Nunca debió decirle la verdad.

Microrrelato 2

Pum, pum; pum, pum

Siempre al borde de la taquicardia cada vez que la veía, escuchaba, soñaba…

El adiós, por fin, lo dejó dormir.