¿Creías que el mundo no podía evolucionar más?

Autor: Rodrigo Saavedra Rosas

¿Creías que el mundo no podía evolucionar más?

La mayoría de nosotros pensaba que ya estamos viviendo en un mundo sumamente tecnológico y futurista. Pues, estamos equivocados. Aún existe mucho por descubrir, para ser exactos, en el sector de tecnología. Este trae nuevas novedades cada año. Su principal fin es hacernos más sencillo nuestro día a día.
Tenemos que dejarnos llevar por nuestra imaginación para poder recibir y tratar de innovar algunas cosas. Si eres una persona que se encuentra en el sector financiero o simplemente eres alguien a quien le gusta hacer transacciones de forma segura y sencilla, se ha inventado la Bitcoin. En otras palabras, se creó el dinero digital. Este se trata de una criptomoneda que impide el uso de dinero físico, con el fin de asegurar nuestras transferencias (transparencia). Sin dejar de lado el sistema que apoya a esta moneda, este es Blockchain, un sistema de contabilidad que ya están usando muchas empresas para pagarles a sus empleados

Otro punto a tocar es la robótica. En este sector, en particular, hay una división de pensamientos. Porque todos sabemos que cada vez nos acercamos a la era de los robots y estos estarán diseñados para ayudarnos en ciertas tareas que, física o intelectualmente, no podamos realizar con facilidad. En este punto, según la empresa de investigación de mercados Forrester, el 25% de los puestos de trabajo serán ocupados por estas máquinas. ¿Se imaginan que sus compañeros sean robots? Si bien es cierto, no nos quitarán nuestros puestos, solo nos ayudarán en tareas particulares y, ¿quién sabe? Puede que también nosotros debamos ayudarlos.

Por último, pero no menos importante, tenemos la biotecnología. Si nos ponemos a pensar, nosotros, los seres vivos, podemos ser considerados como maquinarias biológicas, porque usamos dicha maquinaría en forma de moléculas para correr, caminar (movernos). Pero también obtenemos energía a partir de lo que comemos, respiramos, etc. Ahora nos encontramos con una pregunta sumamente interesante: ¿Podemos utilizar dichas maquinarias para resolver nuestros problemas cotidianos? Pues, claramente, sí podemos, ya que, precisamente, la función de esta ciencia es utilizar la maquinaria de algunos seres vivos para beneficio nuestro.

Algunas aplicaciones de esta ciencia se encuentran, por ejemplo, en la Edición Genética. Aquí se ha ido progresando en cuanto al campo de la veterinaria. Tenemos el sistema Crisps, el cual consiste en hacer un “copy-paste” de algunas cadenas de ADN, que permitirá modificar nuestro genoma. Gracias a este avance, se logrará un gran desarrollo en la medicina personalizada. Esta se usa para facilitar el diagnóstico, determinar si el tratamiento es eficaz o, por lo menos, dar un pronóstico.

El éxito que presenta esta ciencia le permitirá revolucionar algunos sectores y conseguir grandes avances en ellos. Los tratamientos que se verán mejorados serán, por ejemplo, las células madres; las cuales, tendrán como objetivo principal sustituir tejidos enfermos por nuevos y sanos. Y, por último, se encuentra la nano medicina. Este es un bum para nosotros. Sus aplicaciones permiten localizar y destruir células cancerígenas en pacientes enfermos.

¿ESTÁS PREPARADO PARA TANTA REVOLUCIÓN? Lo antes mencionado solo fueron algunos ejemplos. Pero, como sabemos, el ser humano es un ser innovador; y gracias a ello, habrá nuevas cosas que nos dejarán sorprendidos. Pero, con la llegada de nuevas tecnologías, llegan inevitablemente nuevos empleos. Es por ello que tenemos que estar informados en cada momento; para así prepararnos ante el futuro; pero que, muy pronto, podría llegar a ser nuestro presente y, ¿quién sabe también?, nuestra vocación.


¿El futuro solo será el gusto extravagante para la gente de buen corazón?

Autor: Rodrigo Saavedra Rosas

¿El futuro solo será el gusto extravagante para la gente de buen corazón?

Hoy en día, estamos pasando por una realidad muy cierta, que muchos no quieren aceptar, y es que: La afectación en nuestro clima trae consigo heladas, sequías. Y esto produce que la disponibilidad de comida o agua para ciertas personas sea escasa. Por ello, hablaremos de un tema muy importante, y este es La responsabilidad social (RS). Se refiere al compromiso, obligación y deber que tiene cada individuo para así contribuir con la búsqueda de una sociedad más justa y preocupada por el medio ambiente.

La RS se originó por la preocupación que tuvieron algunas personas, autoridades públicas e institucionales, por los daños causados a nuestro medio ambiente, debido a las actividades económicas. Desde ese momento, se ha tratado de presionar a las empresas a cumplir con algunos requisitos ambientales, verificando, obviamente, su aplicación y cumplimiento. Si bien es cierto la RS es un concepto normativo, mas no obligatorio, no podemos dejar de lado este concepto, ya que es indispensable que adquiramos una actitud madura y consciente con lo que está ocurriendo a nuestro ambiente y sociedad.

¿Las acciones de RS influyen positivamente en la productividad y ambiente laboral? Pues sí, ya que los beneficios que trae el cumplimiento de esta normativa son: Que aumenta la reputación de ciertas empresas, fomenta la confianza pública y mejora la salud de los individuos o empleados que conforman una sociedad. Pero, para que realmente sea útil y beneficioso su cumplimiento, se necesita que la RS responda una estrategia coherente y bien planificada. Por ello, existe la norma ISO 26000, la cual se tiene como objetivo orientar a las organizaciones en el establecimiento de definiciones, principios y materias fundamentales de RS.

Ahora bien, si hablamos un poco acerca de los proyectos de RS, tenemos que ver cómo es su creación. Como cualquier programa, se necesita saber qué quieres conseguir y cuál es tu propósito. Por ello se necesita hacer un estudio previo para identificar un porcentaje considerable de personas con ciertas inquietudes. Y ahí es donde nacen las propuestas de proyectos. No necesariamente se quiere llevar a cabo “Proyectos verdes”; es decir, proyectos en donde el resultado es un producto de bajo impacto ambiental, sino también enfocarnos en la vida de aquel producto cuando esté en operación, y también cuando deje de serlo. Considerar siempre un enfoque sustentable.

Un proyecto de RS es el que presenta el gobierno de Querétaro. Importante en ciudad de México, el cual tiene como slogan: “Querétaro Sustentable”. Aquí se encuentra la empresa Pemex, la más grande de México; la cual tiene una clara visión de considerar la sustentabilidad en sus proyectos como: Kellog, Nestle, Cemex, entre otras. Hemos podido observar que surgió el concepto de gestión sustentable de proyectos o Green Project Management, el cual busca unir las mejores prácticas de la gestión de proyectos, con un enfoque eminentemente sustentable. Pero, para esto, necesitan de ciertas herramientas de apoyo ISO (14000- Gestión ambiental, 21500- Administración de proyectos, 50001- Eficiencia Energética, 26000- RS).

Por tanto, tenemos que hacernos unas preguntas: ¿Será suficiente?, ¿Podrías imaginar qué pasaría si realmente lográramos una mayor conciencia en la eficiencia de recursos? Pues, sinceramente, es un gran esfuerzo que tenemos que lograr; ya que será beneficioso, tanto para nosotros como sociedad; pero, sobre todo, para nuestro querido planeta.


On my knees / Cuatro genios olvidados

Autora: Jassira Shantal Amacifuen Orbe

 

On my knees

God, happiness is a good gift to ask for?

I do not know about you, would you talk to me?

All this belief was silly for my convictions and I feel ridiculous

All the times my mom told me not to forget you, over and over again

And despite that, I do not know your word

But I hope you understand my mistake

At this moment of infinite loneliness

Moment in which everything changes and you got me on my knees

Please, tell me that you incredibly exist

And I promise I will leave my skepticism aside and trust

Take away the pain from my soul

Show me a way and a light at the end

To be indestructible and vehement again

With that shine that only kids have in their eyes

With that purity that they have in their souls

And finally forget the slaps of the cruel reality that hit me when I grow up

The awareness of how raw is life when the bubble of the childhood brakes

And the deceptions and falls that removed my kid skin a long time ago

Now that I am uncovered, to be happy is my priority

Because I cannot bear to live with this despair one more day

God, I need you sweet hand

If you are not you, if your name is not only God

At least the idea of someone omnipotent listening to me will relieve my regret

Because today your daughter is abandoned

 

Cuatro genios olvidados

La literatura es un arte, un arte puro que enseña, ilusiona y envuelve. A veces mortifica cuando muestra verdades; otras veces solo entristece. Pero lo que sí es fijo y escapa de la complejidad de la relatividad, es que enamora. Y es un enamoramiento que nunca, si se sabe escoger, decepciona. En nuestro continente existe una vasta producción literaria. Miles de libros, que son como pequeños frascos llenos de investigación, talento y cultura, esperando por ser abiertos. Muchos de ellos lo son y mantienen su lugar en el estante de lo extraordinario por siempre. Sin embargo, otros, después de ser abiertos, vuelven a cerrarse y se empolvan sin trascender; otros, simplemente, se quedan estancados en una espera eterna. Cuando hablamos de literatura latinoamericana, se nos vienen a la mente, como unos rayos, nombres como Gabriel García Márquez, José María Arguedas o Julio Ramón Ribeyro, entre otros grandes. Pero, debemos caer en cuenta que la variedad no solo rota entre ellos. Esos cinco (o tal vez seis) nombres que nos sabemos de memoria, por libros que nos hacían leer en el colegio, o por ocio, no son los únicos que acaparan la lista de extraordinarios literatos latinos. A continuación, trato de conmemorar personas merecedoras de volver a la vida después de la muerte, mediante sus obras. Proporciono aquí debajo una lista que, a pesar de ser insuficiente, es necesaria. Cuatro autores que deberían ser leídos todavía, y que deberían tener mucho más reconocimiento en la actualidad, como mejores exponentes de la literatura latinoamericana:

  1. Manuel Scorza

“Yo he dotado de una memoria a los oprimidos del Perú, a los indios del Perú, que eran hombres invisibles de la historia, que eran protagonistas anónimos de una guerra silenciosa…”

Peruano, que el pasado 9 de septiembre habría cumplido 91 años; de no ser porque halló la muerte rumbo a Madrid, cuando el avión en el que viajaba se estrellara en 1983. Perteneciente a la generación de los 50. Cultivador del realismo mágico andino que denuncia y da voz a los oprimidos y olvidados. Ganó el Premio Nacional de la Poesía en 1956, y a pesar de ello, es más reconocido por su vida política, sus debates con escritores con Vargas Llosa o periodistas como Hildebrandt, que por su propia genialidad y audacia. Sus libros más reconocidos son: Poesía completa y La tumba del relámpago.

  1. Héctor Bianciotti

Argentino, único miembro de la Academia Francesa que provenía de un país hispano. Fue sumamente conocido e influyente en Francia, por el libro Le traité des saisons, por el que ganó el premio Médicis, el mismo que ganó Julio Cortázar en 1974. Conocido, en el extranjero, como el hijo de la Pampa y olvidado en su propio país. Sus libros más reconocidos son: Sin la misericordia de Cristo y Lo que la noche le cuenta al día.

  1. Mario Levrero

Escritor uruguayo sin lugar en alguna corriente literaria, y que nunca se consideró diseñado para vivir en este mundo. Sus obras tienen influencia de la ciencia ficción y género policial; además de poseer humor en sus líneas. Está incluido en el grupo de “los raros”, un grupo típico uruguayo de autores que no pueden ser clasificados dentro de una corriente literaria común; y quizás esto es lo que lo hace mi favorito de la lista. Sus libros más reconocidos son: La novela luminosa y La ciudad.

  1. Severo Sarduy

Poeta, narrador y periodista cubano que falleció el 8 de junio de 1993. Es otro ganador del premio Médicis en el año 1972. Perteneciente al estilo neobarroco y trata en sus obras, abiertamente, temas como la homosexualidad y el travestismo. Fue uno de los escritores más importantes en Cuba en el siglo XX. Sus obras más reconocidas son: Cobra y Gestos.


Umbra negra

Autora: Camila Serpa Ruiz

 

Umbra negra

Cada verano, mis padres organizan un campamento familiar, cuyo escenario es siempre el típico bosque: árboles crecidos, panorama tétrico, abundante vegetación y, por supuesto, con un aledaño lago de cuentos de hadas. Así es el bosque de Hoia-Baciu. A pesar de que vayamos al mismo lugar en cada ocasión, me contenta estar junto a mi familia y ser, junto con ellos, testigo de los cambios por los que pasa el reposado entorno.

Sin embargo, en casa no pasaba lo mismo: “¡Escojan y empaquen su ropa! ¡No se olviden de nada! ¿Quién cogió el repelente? ¿Guardaron la comida del perro?” Era lo que siempre escuchaba decir a mi madre, antes de salir rumbo a nuestro destino; aunque era, en realidad,  la única que se debía olvidar algo cuando llegábamos. ¡Qué ironía!

Llegó la hora de partir y todos entrábamos en el auto: mi padre, mi madre, mi hermana y yo… ¡Ah! Y no nos olvidemos de Umbra, mi perrita.

No hay campamento al que no llevemos a Umbra. Nos rehusamos a dejarla sola en casa, ¿a quién le gustaría que lo abandonen por segunda vez? Pues, si lo estás suponiendo, estás en lo correcto. Umbra es adoptada.

Explicar los detalles de su llegada es algo que hago cada vez que me lo preguntan, pero la extensión del caso y mi incapacidad para resumirlo, solo hará que se carguen de información complementaria…Sin embargo, haré un esfuerzo y se los contaré:

Hace seis años atrás, hubo un accidente de tránsito frente a mi morada y este no fue cualquiera: un atropello. ¿Quién fue la víctima? Pues, como se podrá deducir, fue mi pequeña Umbra, a quien acogimos sin dudarlo, ni por un segundo, en nuestro hogar.

Ahora bien, todo parecía muy normal; pero, ya pasados dos años desde el accidente, nos dimos cuenta de una particularidad en ella, una que nos tomó mucho tiempo en reconocer, pues fue un “efecto secundario” provocado por el incidente: Umbra desarrolló una aguda percepción del oído. En efecto, cuando un fuerte sonido, de origen cualquiera, pasaba por sus minúsculos tímpanos, ella lloraba y no paraba hasta que el causante lo hiciere primero. Por ende, no la dejamos sola. Además, el sosegado bosque es un ambiente perfecto para su tranquilidad; pese a que existan ciertos mitos que las personas suelen contar acerca de este: “encantado”, “maldito”, “visitado por extraterrestres”. Yo, tan solo, no los tomo en cuenta.

Nuestra aventura comienza cuando desempacamos y armamos las carpas. Un buen campista sabe el lugar más adecuado donde ubicarse para pasar la noche…O tres noches, en este caso. Seguidamente, nos vamos a por las actividades más divertidas: pescar, escalar, nadar y explorar… ¡Y no olvidemos a la fogata nocturna!

Algo que hace especial a nuestros campamentos es que son libres de tecnología moderna. Por ello, no llevamos celulares, ni tablets, ni cualquier aparato demasiado “facilitador” para la supervivencia. Con las justas, llevamos un reloj para estar seguros del tiempo transcurrido, aunque papá disfrute sus intentos de determinar las no sé qué cosa de las estrellas. Es que es un científico que le gusta presumir sus conocimientos.

A pesar de ello, yo siempre llevo, a escondidas, una linterna, que es de esencial ayuda para mis caminatas nocturnas y solitarias dentro del misterioso bosque; aunque Umbra me acompaña, claro.

Es en la segunda noche donde tiene lugar mi expedición. El miedo es un sentimiento que no se apodera de mí cuando recorro, a ligera luz, dentro de la espesura del bosque. Mientras Umbra olfatea delante de mí, lo que sea con lo que se encuentre su nariz, yo disfruto de la diversidad natural presente. Este recorrido, dura unas dos horas, desde la medianoche hasta las dos de la madrugada, ya que es la hora en la que, normalmente, el sueño llega a mí. En eso, cuando pasó cerca de una hora desde que salí de mi tienda, mi linterna se apagó.

No negaré que, en ese momento, se alteró mi corazón; pues nunca antes me había sucedido algo así. No sabía dónde estaba ni a dónde ir ni por dónde estaba pisando, dado que todo estaba completamente apagado y la única “luz” era la de la luna y las estrellas, tapadas por los altos árboles; lo que decidí hacer fue dejar que Umbra olfateara e intente hallar algún camino que nos llevase de regreso.

Caminamos sin rumbo, mientras que los tenebrosos sonidos de la noche penetraban en mis oídos. Estuve luchando contra la desesperación durante muchos segundos cuando, en eso, Umbra se detuvo.

Por más que le dijera que avance, no lo hacía. ¡Estaba más estática que una piedra! Me percaté que miraba a un punto fijo: un árbol al lado del lago donde pescamos en el día. Como me pareció algo insignificante, solo la jalé y, entonces, ella empezó a ladrar. Debido a que solo me concentré en abstenerla, no percibí el aturdidor sonido que nos acorralaba, el cual la hacía ladrar más y más fuerte. Era un sonido que jamás en mi vida había escuchado… Entre gritos fantasmagóricos, chillidos, aullidos escandalosos… ¡Era algo espantoso!

Solo veía el esquema sombrío de árboles que me miraban y giraban alrededor de mí; parecía la revelación de algún espíritu furibundo por la presencia de dos seres que no deberían haber estado merodeando por sus tierras… Sentí, que había alguien más cerca mío… ¡Alguien me empujó! Caí al suelo y Umbra se soltó de su correa y se lanzó a la negra oscuridad.

Me alejé y un hilo de luz alumbró mi miserable ser: tenía rasguños en la pierna, en el brazo y no sabía el porqué de su aparición, pues no eran producto de mi caída. No me atrevía a moverme de donde estaba: junto al lago. Mi corazón estaba retumbando por el pavor y, fue que recordé lo que había hecho mi dulce criatura cuando escuché un ladrido suyo. Sin pensarlo más, me levanté y corrí hacia la oscuridad, aunque sintiera que la piel se me caía.

Fue cuando observé una pequeña figura blanca salir de la oscuridad: era Umbra, sí. La alegría que sentí en aquel momento pudo cubrir todo el terror anterior; la abracé y besé y lloré junto a ella y, gracias a que estaba ya amaneciendo, corrí por otro camino que, milagrosamente, nos llevó a la zona de nuestro campamento.

Un gran suspiro fue lo único que di, pues mi familia seguía durmiendo. ¡Ah! Pero cuando despertaron…Se podrán imaginar el sermón e inspección de mi madre y lo mismo para Umbra. Solo que su enfermera fue mi hermana.

Entramos en el auto rumbo al hospital, cuando recordé que no tenía mi linterna…No les conté a mis padres lo que realmente me sucedió, solo un parte, hubieren creído que estoy loca y me hubiesen prohibido las películas de terror o de misterio. Así que callé esa información. Antes de partir, salí un rato del auto para revisar si mi linterna se había caído por allí, hasta que subí mi mirada unos milímetros y vi, a una distancia determinada, a un ser que, para nada era un humano y estaba masticando mi linterna. El individuo volteó y, yo solo me giré, corrí y subí al carro otra vez. Mi papá arrancó.

Si les digo lo que vi, creerán que estoy bromeando. Así que solo les contaré que, cuando llegué al hospital, después de que me curasen, revisaren y de decirle al doctor que un animal salvaje me atacó, mis familiares salieron de la habitación para dejarme descansar un rato, a excepción de mi padre, quien me quiso hacer algunas preguntas más.

Yo respondí lo mismo, sin alguna añadidura; mas él me miraba dudosamente y me dijo: “Sé que estás escondiendo algo, algo que seguro viste y no quieres decirme, porque yo también pasé por lo que tú pasaste ayer en ese mismo bosque. Ahora sabrás el por qué vamos siempre a ese lugar, pues no creí que fueras tan decidida a recorrerlo durante la noche. Discúlpame”.

La verdad es que me estremecí cuando me explicó la razón de lo sucedido:

Científicos rumanos habían realizado experimentos ilegales con humanos hacía muchos años atrás. Estos experimentos eran para comprobar el nivel de supervivencia extrema del hombre. Sin embargo, las condiciones a las que se enfrentaban llegaron a tal punto de llevar a la locura e, incluso, canibalismo a las víctimas. Al no tener psiquiatras consigo, les inyectaron calmantes para intentar mejorar la situación; pero no se logró.

La sustancia llegó a la sangre y mutó sus células, matando a las neuronas. Aquellos humanoides infectados ya no podían pensar y los llevó a comportarse como monstruos. Los científicos intentaron liquidarlos; pero no contaban con el equipo suficiente, por lo que escaparon y no regresaron.

Mi padre era uno de esos científicos. Algo que nunca nos comentó y entiendo muy bien el motivo. Él también exploraba el bosque por la madrugada, para chequear el lugar en donde se concentraban estos seres y seguir intentando alejarlos, sin que lo vieran, con nuevas sustancias que preparaba en casa para rociarlas en suelo de aquellas zonas del bosque. Nunca pensó que yo podría “descubrir” este secreto.

Entonces, ¿qué me pasó a mí? Él me lo mostró: La piel, en donde se ubicaban mis heridas, empezó a pudrirse y a teñirse de negro. Quise gritar, pero mi padre me hizo una seña de guardar silencio y, levantó la basta de su pantalón para mostrarme que él también tenía estas marcas en sus piernas. ¿Era mi padre un infectado, aunque no haya mostrado un comportamiento que lo evidencie durante todo este tiempo? ¿Era yo una infectada? ¿Sobreviviríamos? Estuve pensando mucho, hasta que mi padre salió de la habitación.

Pocos minutos después, regresó con Umbra en sus brazos. Ella estaba feliz, moviendo su cola y loca por verme. Sonreí, la cargué y miré a papá inquieta por saber por qué la había traído, pero el solo desvió su mirada. Mi sonrisa se desvaneció.

Volteé lentamente a ver a Umbra otra vez y me quedé fría: sus ojos no tenían brillo, eran solo espacios negros y redondos sin vida; su nariz estaba seca, lo cual no es normal en ningún perro.

Pero, lo peor y, lo que me turbó por completo, fue el ver su pequeño torso: negro por completo.

Umbra estaba infectada.


Crítica comparativa De “La horrible” a “La desaliñada”

Autora: Camila Serpa Ruiz

Crítica comparativa

De “La horrible” a “La desaliñada”

Ya desde el siglo anterior, la frase de “Lima, la horrible” es bastante conocida y pronunciada, en distintas situaciones y contextos, por un gran porcentaje de los ciudadanos de la misma capital. Lo que la mayoría no sabe es de dónde es que proviene y el por qué se le acuñó dicha expresión.

El término es el título de la obra del escritor peruano de Salazar Bondy. Tal como indica Vich (2006), la referencia a la que hace el autor no es a una ciudad que creció de manera desordenada, sino a la asediada mentalidad de las personas que impedía el progreso y desarrollo de la modernidad en ella; además de poseer un particular carácter en común: impostor, falso, hipócrita, despreciable. Sin embargo, la sociedad no sospecha, ni por un segundo, que el verdadero término alude a ello. Y esto es muy sencillo de explicar: el enfoque actual, para dicha frase, no se basa en una perspectiva subjetiva concerniente al comportamiento; sino en una analogía entre el entorno físico en el cual vive, y los factores oscuros, repugnantes, vergonzosos, de la contaminación que lo caracterizan.

“Hay mucho tráfico y los autos botan mucho humo”, “¡Qué feo huele!”, “¿Por qué hay tanta basura amontonada?”, “Qué asco, no limpian por aquí”, “No me gusta el brusco cambio de clima”. Son estas y muchísimas más las frases que diariamente el ciudadano limeño expresa o comenta, junto a otro, cuando transita en las calles de la dichosa “horrible” y lo dice con mucha razón: Lima, según el World Air Quality (2018), “se ubica como la octava ciudad más contaminada de Latinoamérica… Según este mismo reporte, el Perú se ubica en el puesto 22 a nivel mundial, como el país con mayor grado de contaminación ambiental” (Citado en el diario Gestión, 2019, p.1).

Las cifras estadísticas, las citas textuales, las autoridades de influencia nacional son lo único que, al parecer, alertan con mayor rapidez a la persona para que se dé cuenta de la realidad en la cual vive. Sí, un “rápido” definido en un mundo flemático para salirse de la rutina, la cual no quiere cambiar ni comentar, la que solo acepta y repite profanamente, la que lo ciega de la indudable verdad, la que llega a comprobar cuando se quita la venda de la ignorancia: ¡Tu vida y, la de tu mundo, se están convirtiendo en una tremenda inmundicia!

La solución a nuestros problemas no se revelará a través de un “Yo pago para que limpien las calles” o de un “Al final, todos vamos a morir de algo”. Estas no son más que expresiones caretas de un egoísmo incesante, que complica el intento de progreso de quienes, empáticamente, buscan hacer un bien común con pequeñas obras, sean tangibles o no, las cuales muestran resultados desdeñables para algunos y potenciales para otros.

 

Referencias

Redacción Gestión (9 de septiembre del 2019). Lima es la octava ciudad más contaminada

de América Latina. Gestión. Recuperado de https://gestion.pe/economia/lima-octava-ciudad-contaminada-america-latina-269614-noticia/

Vich, C. (2006). Sexualizando el espacio urbano: La trampa metafórica de Lima la

horrible. Revista de crítica literaria latinoamericana. (64), 323-332. Recuperado de

http://web.a.ebscohost.com/ehost/pdfviewer/pdfviewer?vid=4&sid=8d1553ef-7394-4b44-a791-8aaae7196c40%40sdc-v-sessmgr02

 


Un joven universitario / Testimonio: Estudiante de la Carrera de Ingeniería de Industrias Alimentarias.

Autora: Pamela Saraí Hernández Ramos

 

Un joven universitario

Al sonar la alarma del reloj,

El deseo de no levantarme apareció,

Aquel día solo concebí pocas horas de sueño

Y en mi mente aparecían las actividades del día,

de pronto un recuerdo encendió mi corazón,

mis padres trabajando arduamente y

mis metas hechas recientemente.

 

Emprendí mi día sentado en el bus,

Y al frente un señor hablaba elocuentemente,

recuerdo aún sus palabras,

las semillas que siembras hoy,

determinaran el fruto que cosechas mañana,

aquello era una irrefutable realidad que apoderó mi pensar.

 

Caminaba calmadamente,

mientras que mi corazón impacientemente,

aún queda mucho por recorrer,

madrugadas sin dormir,

aún queda mucho por recorrer,

invitaciones por rechazar,

aún queda mucho por recorrer,

días de esfuerzo y recompensas.

 

Recompensas, sí recompensas,

es lo que recibirás conforme a tu arduo trabajo,

la fatiga y cansancio son innegables,

no obstante, momentos de alegría son indudables.

¡adelante joven!, el éxito está en tus manos.

 

Testimonio
Estudiante de la Carrera de Ingeniería de Industrias Alimentarias.

Su nombre es Shirlley Mamani Loayza, nativa de Puno y actualmente estudiante de la Carrera de Ingeniería de Industrias Alimentarias, quien accedió, amablemente, a testificar de su experiencia de estudios, que aún está realizando en la universidad.

Ingresó a la USIL en el año 2018. Decidió estudiar dicha carrera, debido a su gran pasión a la ciencia, la industria y nutrición; que, unidas, engloban la ingeniería de industrias Alimentarias.

Ella nos comenta que la carrera que estudia es una de las mejores que tiene la universidad. Esto es debido a las grandes oportunidades que ofrece para desenvolverse como futura profesional. Una de las grandes ventajas que halló en la universidad respecto de su carrera, fue la presencia de la planta de procesos que se ubica en Pachacamac; así como también, la existencia de grupos de investigación, de las cuales ella ha sido parte, como también de un club de su carrera denominado CIAAL – Club USIL de Ingeniería agroindustrial y alimentaria, del que forma parte del consejo directivo, como Vicepresidenta de dicho club.

No obstante, a lo largo de este tiempo, se le han presentado dificultades, tales como establecer un orden adecuado de su horario de estudio. Sin embargo, ella ha podido aprender de esta experiencia, para convertirse en una estudiante más organizada, lo cual le ha permitido desenvolverse mucho más, y tener una participación activa en distintas áreas que conciernen a su carrera.

Finalmente, ella concluye diciendo que “El esfuerzo de hoy es el éxito del mañana”.


Cuento “Nada” / Reflexión: Justicia

Autor: Ángel Fernando Reyes Moreno

Cuento 1

Nada:

¡Oh! ¡Vaya! ¿Qué significa esto? ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué intento lograr? ¿Qué intento vivir? No lo sé. Tan confundido estoy, que no puedo ni saber lo que creo y pienso. Creo que solo siento algo por ella cuando tengo las ganas de sentir por ella. Solo de eso se trata: de jugar. De intentar, de vivir, y de perecer y resplandecer en el fin. Esta es la historia de una chica por la que nunca sentí nada. Una chica que no representa nada para mí y solo eso, nada más. Aproximadamente 1.68 de estatura, cuerpo asimétrico; aunque admito que tiene unas buenas piernas. Su mirada representa firmeza; aunque sus palabras y expresión no concuerdan con eso. ¿Cómo la definiría? Hipocresía pura. La conocí, curiosamente, en uno de los primeros días de clase de mi universidad. Tuvimos una pequeña plática “cordial” en la biblioteca. Reconozco que me llamó la atención; pero no lo suficiente para acercarme a ella de forma directa.

Nuestras primeras pláticas nunca dieron frutos, siempre sentí esa sublime incomodidad de tensión que significaba nuestro intento de conversación. Intolerante uno con el otro. Era como si no quisiéramos ni vernos, ni hablarnos. Pero, por alguna estúpida razón lo hacíamos. Trascurría el tiempo y la intolerancia mutua comenzaba a dar flote a sus quejas. Recuerdo que un día, esperando que ella suba a su bus, me dijo, no sé por qué razón siendo sincero, que me toleraba. Eso me dolió, porque dijo lo que yo también sentía por ella, pero que por respeto mutuo y quizás un poco de cariño, nunca se lo hacía pesar. Ese momento fue incómodo y me “prometí” alejarme de ella; porque no deseaba ser carga intolerante de nadie. Sin embargo, al día posterior la perdoné sin que ella sepa que lo hice. Estas situaciones, siempre se presentaban y yo a veces deseaba alejarme de ella por una cuestión de orgullo. Por otro lado, la constancia solo hizo que esas incomodidades se vuelvan la gota de cada nube. El tiempo transcurría y creo que le llegue a interesar. Me guardaba asiento. Claro, no era el único al que se lo guardaba; pero era el único al que se lo guardaba 40 minutos después de mi llegada tardía a clases. Un día común y casi corriente tuvimos una conferencia jurídica. Los dos nos sentamos juntos y teníamos puesto un comunicador auditivo en la oreja izquierda, para poder escuchar la cátedra en inglés, de un estadounidense profeso de Dios. En fin, saqué mi cuaderno y me puse a escribir, a pesar de su presencia. Transcurridos unos minutos después de la exposición, la miré y le hice una pregunta sobre el tema de discusión que acontecía en la sala. Ella volteó su rostro y ese fue el momento más cercano a un beso. ¡Claro! Ella de inmediato volteó su rostro, demostrando sin ocultar, un gesto de extrema incomodidad, o, por lo menos eso era lo que ella quería que yo percibiera. En fin, al concluir la conferencia, cada uno tomó distintos caminos y nos despedimos. De qué sentía algo por ella no existía duda. Siempre decía lo que sentía, mas no lo que creía de ella de forma inmediata; utilizando de comodín a un compañero de clase que no ostentaba de ninguna gracia, que no sea hablar de política. Decía todo lo que tenía que decir, por medio de su entidad personal. Quisiera explicar lo que decía, pero seré sincero al decir que no recuerdo nada, por no decir todo. Es curioso, pero al final, creo que esas palabras dieron frutos en el árbol equivocado. Sin embargo, me había librado de una gran carga, de una muy pesada. El tiempo trascurrió y creo que no estaba dispuesta a ser la segunda opción; y prefirió ser la primera de lo que deseo. Aunque, a veces, creo que la resignación tocaba su alma. Al terminar el periodo estudiantil, existió un lapso de separación y, fue en ese momento, donde más la tuve presente en mi mente. Siendo la luna de testigo y la almohada de mi cuarto la confidente del delito inmoral que haría con mi diestra, bajo el cierre de mis pantalones. La veía a lo lejos, con la expresión de indiferencia, pero con la esencia de su presencia. Cuando retomamos la rutina, creo que en nuestro saludo existió nostalgia y a la misma vez, un abrazo que nunca se dio. En fin, pasaron los días y caí en la intención de alejarme de ella por medio de alguna excusa que, convenientemente, por cierto, su reacción no me la esperé; aunque sí la predecía. Sabía que no le agradaría. Como aquella vez que quiso gritarme en las afueras de la universidad y yo, con tono fuerte y varonil, personalidad que, por cierto, no utilizo a menudo, terminé la discusión con una oración contundente. Ella se sintió en culpa por una situación de la que yo tenía la pericia de la responsabilidad. ¿En qué estaba? ¡Ah! Verdad, no fue de su agrado y no fue su intención ocultarlo, acercándose a mí para desahogar su ira; que, por cierto, es lo único de real que veo en ella. Bueno… Desde ese día la saludo y me despido; excepto en esas ocasiones en donde siento que ella no lo desea. En fin, pasaron los días y en una noche desconsolada, me encontraba radiante por el color carmesí que fulgurantemente resplandecían mis ojos por aquella brisa del humo, que se disipaba en mis pulmones. La llamé y bueno… la violé sin que ella se diera cuenta; repitiéndose esta situación en dos oportunidades. Me alejé, admito que, por aburrimiento, tal como ella lo decía. Hace unos minutos la llamé y me respondió después de sus “despreciados” 8 pibs de sonido de la llamada del teléfono. Nuestra conversación fluyó normal, creo yo, hasta cierto punto en el que me dijo ¿qué quieres? Y le respondí que ella sabía lo que quería, que no era necesario decírselo. Su respuesta fue tajante. Me dijo que le incomodaba este tipo de “cosas” y que ya no le gustaba que la estuviera llamando. Sin embargo, eso no era lo que quería. Mi reacción, orgullosa, por cierto, fue la de cortar el teléfono. Hoy en día, aún tengo la esperanza de hacerla mía algún día, y eso que, creo que no nos atraemos físicamente ni emocionalmente. Pero sé qué nuestras mentes son las culpables de esa conexión inexplicable qué surge cuando nuestras miradas se conectan. Es por eso que ya no la miro, ya no la escucho y ya no le hablo. No por cobardía, porque eso me lo arrebata la agonía del no pasar, sino por escapar.

Hace unos días, creí escuchar que decía mi nombre. Pensé que era producto de mi mente. Igual no le hice caso a ninguna de las dos.

 

REFLEXIÓN

Justicia:

¿Qué es la justicia? Me acaba de morder un perro en la pierna derecha cuando me encontraba avanzando en plena calle con mi motocicleta. La herida me dolía. Espero que el canino no presente rabia. Pero… ¿Cuál es la solución a este caso? ¿Acaso es devolverle el favor por medio de una mordedura veraz? ¿O es insertarle una patada en el estómago por el acto que cometió? ¿Quién paga por el daño hecho? Mi pierna tomará unas semanas en regenerarse ¿Quién me devuelve ese tiempo perdido? Nadie. Pero si yo actuó de la misma forma que él, estaría rebajándome a su nivel animal; sin embargo, biológicamente los seres humanos somos animales. Entonces, ¿qué hago? La justificación moralista que ha surgido en estos últimos años, es que los animales actúan por instinto, y, por ende, no tienen responsabilidad alguna.                 No bstante, ¿qué hay de mis instintos? Gran parte de la sociedad tiene la creencia errónea de que los seres humanos no presentamos instintos y que somos totalmente racionales, en cuanto a nuestras decisiones.

Este mito es una cabalidad falsa. ¿Qué nos hace pensar eso? Si son los instintos, los que, hasta el día de hoy, nos han mantenido con vida. ¿Acaso el miedo es racional? Al fin y al cabo, la bondad y la maldad son términos totalmente subjetivos y supeditados a lo interpretativo. Teniendo en cuenta esto, regresemos a la circunstancia que les comenté antes de esta pequeña reflexión. ¿Qué debería hacer? En primer lugar, lo más sensato sería la indiferencia, ¿pero esta indiferencia sería justa? En segundo Lugar, seria coaccionar el cuadrúpedo, por medio de alguna pequeña masa terrestre. Pero, ¿esto sería racional? Y en último lugar, sería tratar de vengarme de una forma más estructurada y organizada; sin embargo, ¿tengo el tiempo necesario? Después de ver estos tres planos de suposición, pensemos. El primero es racional, pero carece de justicia. El segundo es justo, pero se ausenta lo racional. Y, el último es perfecto; sin embargo, no creo que un canino amerite tanto de mí. Tampoco es que quisiera jugar a Tom y Jerry. La decisión la tomaré. De eso no hay duda, y solo espero que sea la menos perjudicial para mí. Por cierto, también ostento instintos.

 

Libro “Cosas, ideas y nada más” de Ángel Fernando Reyes Moreno.