Cenizas de un amor

Autora: Crizzeli Casusol Torres

Fue real para el dormido
y falso para el tiempo del ave
que vuela fuera del nido
como una fogata en las olas
de un visitante del Mar que
mira atento la marea de tristezas
de un amor recóndito
de un dolor silencioso
sin promesas para el soñador
sin lágrimas para el amador.

Era la dulzura intacta de aguas saladas
el creyente de oraciones inocentes
buscando una sola respuesta
que los oídos contemplen
y los ojos escuchen
la espera del sonido paciente
un castigo para el niño desobediente
ahora soy el visitante de la fiel sonrisa
que plasma su alma misteriosa en la brisa
hoy quemaré el semblante antiguo y mis recuerdos.

El sueño acaba cuando despiertas
hasta las pesadillas infinitas terminan
quisiera escuchar esa voz que me hizo desfallecer,
quisiera mencionar el nombre que envenena,
quisiera relatar cómo son los ojos que encadenan,
quisiera tararear la canción de mi agonía,
quisiera sentir los brazos de aquel día,
quisiera intentar dormir para que me cause desvelo
si nunca antes había soñado; su rostro soñé, pero
si alguien pregunta……no lo aceptaré.

Aún recuerdo ese momento cuando lo vi
nadie sabe cuánto amor sentí…
las palabras saben por qué se ocultan
olvidar es el remedio para el tormento
la fuerza es el premio para
los que tropezaron
la libertad para aquellos esclavos
el cielo se caerá y el sol se apagará
jamás se enterarán de una tenebrosidad
cuando aquellos ojos tuvieron mi mayor estima…

Ayer mis suspiros renacieron en los vientos
los siglos se hicieron segundos
y los pasos diminutos
de repente estábamos juntos
sus ojos, mis cruciales desvelos
su voz, y sus brazos ¡Volvieron!
el color verde del traje y hasta los labios…
el agua retornaba al desierto pero
el amor que conocí nunca regresó
y aquella canción desapareció en las
cenizas de un amor que se ahogó en el mar.

El creyente de las oraciones inocentes
terminó de orar
el niño desobediente pide disculpas
y dentro de éste, su corazón
quisiera vengarse en la noche
ensuciarse las manos de rojo color
¿sed de sangre o sed de libertad?
un día volveré a soñar
si alguien pregunta….no lo negaré
en las sombras escondidas, el amor muere.


Un día común y corriente

Autora: Rosselly Jaydi Curahua Vargas

Ella estaba sola. Como era usual todos los días, salía de la universidad. Lástima que salía más tarde de lo normal por las tareas. Ella ya sabía que tenía que estar preparada para lo que se venía. Decidió empezarlo cuanto antes, porque si no lo hacía la pasaría peor. Ella caminaba tan rápido como podía. Sabía que no era un juego y claro que no era un juego. Era su vida. Entonces, mientras esperaba el bus, pasaban personas. Para ella era un martirio el solo hecho de verlas. Pensar que alguno le vaya hacer algo resultaba abrumador. Uno de ellos se sentó a su lado. Ella optó por pararse y alejarse. Al instante, se generó una sonrisa inigualable, pues ya llegaba su bus. Tan emocionada estaba por subir a aquel insignificante bus.

Ella subió. Felizmente, estaba vacío. Algo bueno después de un día tan agotador. Decidió sentarse junto a la ventana por dos razones. La primera, porque, de esta manera, solo miraría el camino y no a la persona que se pondría a su costado. La segunda, porque simplemente la harían parar en cuanto suban los demás pasajeros. Ella estaba tranquila, hasta que un joven se sienta a su lado. Él también parecía ser universitario. En ese momento, decidió no hacer algo que la hiciera notar. Prefería ser invisible y que ni siquiera la vea. Esa era una buena opción. Al instante, él chico la miró una y otra vez. Decidió preguntarle la hora, para así mirar su rostro. Pero ella optó por no responder, ni mirarlo. Sentía miedo. Ella solo pensaba en bajarse de ese bus. Pasaron los minutos y ya estaba cerca. No aguantó esa tensión y se paró. Pidió permiso para retirarse. Colocó su mano en el asiento e inesperadamente el muchacho hace lo mismo y la coge de la mano. Ella se volteó y en ese entonces sucedió esa conexión inexplicable. Se quedaron mirándose; pero ya era momento de que bajara.

Ella únicamente decidió ir avanzando. No quería hacerlo, porque, por primera vez, no sentía tanto miedo. Pero la oportunidad ya había acabado. Así que siguió caminando hacia la puerta trasera. Levantó la mirada y ya había llegado a su paradero. Al instante bajó, caminó un poco y ya había llegado a casa. Ella suspiró como nunca al llegar a su cuarto. Lo bueno era que ya estaba a salvo, al menos por ese día. Simplemente le quedaba esperar al día siguiente y ver qué le depararía el destino.


Usilios.com, una revista que crece

Autora: Carmen Jhoana Díaz Atilano

Haber participado como miembro del Comité Consultivo, desde el primer número de Usilios.com, ha sido, para mí, una gran alegría y un gran privilegio. He podido conocer jóvenes responsables, emprendedores y con gran sentido de la responsabilidad social. Jóvenes que no solo destacaron académicamente en el curso de Lenguaje, sino también a aquellos que dejarán una huella en su Universidad a través del uso de la escritura.

El presente número es el quinto, lo cual demuestra que lo comenzó como una simple aventura editorial, se ha consolidado y ha dado sus frutos. Cada grupo ha sido singular y ha contribuido de diversas maneras.  Esta revista les ha brindado el espacio virtual para que plasmen sus experiencias personales en la sección de testimonios. Asimismo, para realizar breves ensayos en torno al emprendimiento, la responsabilidad social y la tecnología e innovación. Todos ellos, pilares de la Universidad San Ignacio de Loyola; pero también y sobre todo, para dejar fluir su creatividad y su sentir en las diversas artes: poesía, novela, relato o música.

Este número de la revista está hecho con todo el cariño de docentes y alumnos que buscan trascender las labores académicas tradicionales y dejar un precedente para las generaciones venideras. Y, por supuesto, está dirigida no solo a la Comunidad Universitaria San Ignacio de Loyola, sino también a todo el público interesado en el variopinto espectro de nuestro contenido editorial. Esperamos que lo disfruten y sea de su agrado.

 

Imagen: Chevanon / Freepik


Años Once

Autora: Crizzeli Casusol Torres

La memoria morirá
Tal como las olas finadas
Olvidan las tristezas amargas
Y las dulces esperanzas.

La memoria morirá
Como el ungüento y la sopa caliente
Para curar la fiebre del paciente
Que en cama yace durmiente.

La memoria morirá
La del ilusionista sanador
La voz del declamador y
La sonrisa del escritor.

La memoria morirá
Los pesares nos soltarán
Incluso la manta de infante volará
¿Qué es el agua? ¿Qué es el mar?

La memoria morirá
Nadie recordará tal vez estos versos
No comprenderé el amor que siento
Y mi nombre y mi pensamiento.

La memoria morirá
Se llevarán el colorido cerebro
Los ojos amantes y el palabreo
Sin vida…sin tu recuerdo.

La memoria morirá
Me verás ser turista en tu casa
Hoy o más tarde quizás
Y por nuestro pasado llorarás.

La memoria morirá
Y cuando eso ocurra
Mira la boca taciturna
El callejón y la luz nocturna.

Cuánta vida tuve esa noche
Lágrimas de años once
Abrigo de marrón bronce
El guardián del ruiponce.

Recuerda mis versos años once
Creando letra vastas de inspiración
Ahora cantamos nuestra canción con
El apellido en mi corazón.

Volveré por mi hogar
Como fuego en invierno
Como amor en sueño…eterno
La hija del abrazo paterno.


Pensamientos finales

Autora: Lisbeth Sanchez Centurión

A tan solo 8 minutos de la medianoche, seguía en el mismo plan de mirar todo por aquella ventana; apreciando cómo la ciudad, a lo lejos, se ve tan quieta, iluminada, que inspira a describir lo que desaparece cada mañana.

En sus pensamientos revela lo que todo mundo calla. Se aprecia en su mirada, su pérdida del alma, lo que no puede transmitir con palabras. Pero que sus ojos no callan. Se encuentra en mundo inexistente, o en ese mundo que su mente abarca.

Escúchate un momento:

– Es que en la oscuridad no se puede apreciar nada.
– ¿Oscuridad?, pero si la ciudad está tan iluminada. ¿Acaso quieres seguir en lo mismo que todo mundo calla? Y no me digas que no sabes, porque tú sí sabes. Pero ¿qué pasa para que no puedas hacer nada?
-No me respondas a mí. Mírate y díselo a la otra parte de ti, que está esperando una respuesta. No esperes que nadie cambie las cosas, para recién pensar distinto.
– Pero, ya no puedo hacer nada.
– ¿Segura qué no puedes hacer nada?
– Sí, es que no tengo a nadie más a mi lado. Es lo único que me queda. Continuar sin apreciar nada.
– No, no. No hagas eso. Solo es quitar esas sus manos de tus ojos; y así aprecia todo lo que te queda.
– Es muy tarde. He llegado al final.

Esto fue una discusión de mis pensamientos antes de que la oscuridad, que creía mi luz, me acompañe por siempre.


Fragmento de Lágrimas del cielo sobre el mundo

Autor: Mauro Marino Jiménez

Un hombre pequeño, delgado y de pasos nerviosos camina familiarmente por la universidad y se pone frente a la oficina de uno de los profesores principales.

– La escuela ya cerró, señor. -le dicen desde dentro.
– ¿Este es el saludo de un amigo y colega? –responde el visitante en voz alta.
– No. Este es el saludo de un viejo enemigo. Y la placa en la puerta dice que aquí solamente soy un profesor y no alguien más.
– Pues, si hubiera sido solamente profesor yo no estaría aquí… ¿No es cierto? -replica el visitante.

La puerta se abre y deja ver al profesor Néstor. El anfitrión luce un rostro que combina indignación, respeto y miedo asociados, como no mostraba desde hacía varios años. El recién llegado ingresa y se instala en silencio.

– He cumplido mi promesa, si te interesa saber. -Continúa el catedrático.- Si quieres, lo repito diez veces más para que lo compruebes… Aunque con una sola vez bastaría para ti… ¿No es cierto, Erik?
– Tu promesa fue no emplear tus habilidades ni revelarlas a nadie, Néstor. Pero César recuperó la memoria después de visitarte…
El anfitrión varía su expresión mientras Erik pronuncia sus palabras.
– Te lo preguntaré de una forma más directa y  por última vez -prosigue el visitante.- ¿Cómo recuperó la memoria?

El profesor ya no tiene la mirada en Erik. Sus ojos parecen contenedores vacíos.

– ¿Néstor?
– Esta es mi lección final, Erik. -responde, finalmente, el cuerpo casi inmóvil de Néstor- ¿Puedes leer algo más de este mensaje o solamente mis últimas palabras?

El visitante vuelca toda su atención a través de cada fonema, cada centímetro de aire y cada espacio ocupado por el cuerpo sin mente que, hasta hace poco, estaba por revelar sus secretos. El doctor Néstor Almado, catedrático especialista en ciencias de la mente y uno de los más ilustres psíquicos de antes de la guerra había abandonado su cuerpo sin dejar rastro. Incluso Erik, un prodigio especializado en el sometimiento de mentes poderosas, desconocía esa habilidad.

Todavía con algo de estupor, hace una reverencia privada antes de ordenar la desaparición del cuerpo, la identidad y todo lo que concierne a quien fuera su maestro y opositor ideológico.

Durante los siguientes días, Erik se ahorra las palabras hacia sus hombres e indica cada una de sus órdenes con la mente. La más llamativa de estas consistió en alejar a todos sus agentes de la zona en la que su verdadero objetivo fue visto por última vez.


Testimonio de la carrera de Marketing

Autora: Rosselly Jaydi Curahua Vargas

Estudio en la Carrera de Marketing, perteneciente a la Facultad de Ciencias Empresariales. Con el día a día, cada persona va aprendiendo más de sí misma, a partir de lo que está estudiando. Considero que las personas ingresan a la universidad con una idea de su carrera; pero una vez dentro de ella, las cosas cambian, porque va aprendiendo y entendiendo más sobre las cosas de la vida y no solo de la teoría que presentan los profesores.

Particularmente, cuando empecé a estudiar Marketing, me enfocaba en aspectos diferentes, porque solo veía a la carrera por fuera. Sin embargo, cuando una se encuentra ahí dentro, conoce muchas áreas por las cuales se podría inclinar. Yo recién curso mi tercer ciclo y me doy cuenta de todas las puertas que nos puede abrir la profesión que tanto me apasiona. Asimismo, aprendí que no es suficiente con todo lo que aprendes. Hay muchas cosas que el mundo tiene para mostrarnos y uno no debe esperarlas sentado, sino empezar a desenvolverse mejor con las fortalezas que cada uno tiene. Y más aún en un mundo que, con el tiempo, va cambiando en todo.

 

Imagen: jcomp / Freepik


Mentiras eternas

Autora: Maríah Elena Pérez Tapia

Pasé la noche afuera. La universidad está lejos y solo hasta ahora he podido regresar a casa. A pesar de la ausencia, mi llegada parece un poco rutinaria. Sin carcajadas, como las que me daba cuando compartía momentos en el internado con amigas. Pero tampoco es que me vaya mal. Veo a mi hermana. Está preocupada por algo. La miró fijamente y no duda en contármelo: sospecha que mi

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